sábado, 8 de junio de 2013

En Publicidad de Productos y Servicios…

por. Armando Pérezgrovas, director de ARSER publicidad y profesor de Publicidad y Promoción, ITAM
Muy a menudo los estrategas publicitarios, los directores creativos, y en general la gente “de agencia”, solemos incurrir en ciertas interpretaciones de apreciación inferida con respecto al enfoque con que deben tratarse las campañas publicitarias de servicios.
Quizá más por deformación casuística, que por ignorancia sobre los fundamentos diferenciales de marketing que deben sustentarlas, aplicamos criterios similares ciertamente peligrosos, a las estructuras conceptuales tanto de productos como de servicios. Craso error, que puede incidir y afectar las percepciones del consumidor o usuario del servicio.
Nos anima, tal vez, la costumbre generalizada –que, se dice, “hace ley”– y que define a la mercadotecnia como un sistema de la empresa concebido para planear, determinar el precio, promover y distribuir bienes (productos) y servicios a los mercados, hasta llegar al usuario final. Y sin mayor reflexión, les damos idéntico tratamiento a ambas categorías; es decir, perdemos de vista que no sólo hay una mercadotecnia, sino que también existe una mercadotecnia de servicios.
Lo anterior se puede deber a que al reconocer que en esta última hay un componente de producto y uno de servicio, en donde el elemento de servicio es mayor que el del producto, dejamos de lado esta apreciación y alegremente le asignamos al servicio
tratamiento de producto. En el sentido más amplio, puede ser verdad que la mercadotecnia de ambos géneros se cruce en una línea muy fina; pero, por lo mismo, es preciso entender que ignorar los espacios naturales de esta división, puede desviar no sólo los objetivos publicitarios, sino los posicionamientos diferenciales que su naturaleza demanda.
PUBLICIDAD DIRIGIDA AL BIEN, AL PRODUCTO O AL SERVICIO
A fin de no correr estos riegos de violación territorial, conviene precisar, como punto de partida, la definición de servicios. William J. Stanton los define como: aquellas actividades identificables por separado, esencialmente intangibles que proporcionan
la satisfacción de deseos y que no están necesariamente unidas a la venta de un producto u otro servicio.
Afirma Stanton en su libro que para producir un servicio se puede o no requerir el empleo de bienes tangibles. Sin embargo, cuando dicho uso se necesita, no hay transferencia de la propiedad (en forma permanente) de estos bienes tangibles. Si, como hemos visto, ya de suyo existe confusión en la interpretación, será menester elaborar ciertas precisiones que nos permitan minimizar el posible margen de error en la planeación de una campaña de servicios.
Ciertamente, el usuario de un servicio puede a la vez tomar posesión o hacer uso de cualquier bien o producto requerido por la naturaleza del servicio, sin embargo, este uso será de carácter temporal. Ejemplo de ello son: rentar una habitación de hotel o disfrutar los alimentos en su salón comedor en el primer caso, y conducir un automóvil alquilado en el segundo.
A menos que el objetivo publicitario de la estrategia consista en destacar intencionalmente los atributos del bien o producto que se adquiere temporalmente, con (y por sobre) el servicio que se ofrece, –como un diferencial de valor agregado por sobre la competencia–, estaremos ciertos que los beneficios del servicio per sé ocuparían un plano secundario en el mensaje publicitario. Un caso que ilustra lo anterior lo representa una agencia de alquiler de autos, cuya publicidad no estuviera centrada en el servicio que ofrece la renta del auto, ni en la economía (gasolina o kilometraje libre incluidos), ni en la variedad de tipos y
modelos, sino en el producto o la marca que brinda el servicio. Una determinada línea de auto con especificaciones de velocidad y potencia, o lujo y confort por sobre cualquier otro aspecto a destacar. A menos que los elementos emotivos del consumidor determinen así su comportamiento de compra (en este caso, renta) y constituyan un target interesante, es poco probable que la demanda regular se incline por este tipo de arrendadora. La campaña, desde luego, parecerá pagada por la empresa armadora automotriz, lo cual no estaría mal, si se tratara de una estrategia de publicidad cooperativa o compartida, pero no de una
alquiladora de autos, cuyo producto es el servicio y no necesariamente el auto en sí.
Supuestamente, en la variedad de opciones de autos, estaría gran parte de su ventaja competitiva. En este caso, el enfoque de la campaña publicitaria, no trabajaría a su favor.
Otra práctica muy socorrida en la publicidad de servicios, radica en promover éstos de forma fragmentada; en ocasiones por las condicionantes de un mercado sobreofertado, se destaca así la parte por sobre el valor sinérgico del todo. Si se atiende a estos criterios, se segmentan los servicios por orden de importancia y se cifran los mensajes por público objetivo, se ofrece como promesa básica alguno de ellos en particular. Esto es recomendable cuando existe un USP (proposición única de venta) de tal importancia, que la parte adquiera mayor valor por sobre el todo.
Sin invadir ámbitos profesionales, el publicista deberá trabajar muy de la mano con su contraparte; con el mercadólogo; su cliente anunciante, para establecer en el brief de una forma clara y precisa el rumbo que se ha de tomar, definir los objetivos y el posicionamiento, calculado siempre en función al tamaño del público objetivo y no dejarlo a la libre interpretación de la estrategia creativa.
PERSPECTIVAS, CARACTERÍSTICAS Y CLASIFICACIÓN DE LOS SERVICIOS
El tema cobra importancia, ya que la oferta de servicios crece día con día. En los Estados Unidos casi 50 centavos de dólar gastados por los consumidores, se están destinando a los servicios, los cuales proporcionan cerca de las dos terceras partes de todos los trabajos privados no gubernamentales, de manera que el problema de su definición y su separación se acentúa y con la globalización de los mercados continuará expandiéndose. Con ello, se está volviendo más difícil distinguir productos de servicios, en cierta medida, por las razones expuestas. Establezcamos pues, por principio, una separación entre los servicios
que ofrecen negocios y empresas profesionales privadas con el lícito objetivo de obtener utilidades, de aquellos brindados por organizaciones no lucrativas, tales como ONG´S, los gobiernos y las instituciones de beneficencia y filantrópicas, entre otras. Ya que los fines, en esencia, son diametralmente distintos. Mientras que los primeros persiguen intenciones de carácter comercial con sus usuarios, los segundos van a la caza de lograr la aceptación y buena voluntad de la ciudadanía y/o de la opinión pública por los intereses políticos – también muy legítimos– que representan. Existe en ellos la razón de demostrar el cumplimiento de los compromisos electorales, de validar las tesis partidistas y los sistemas de gobierno. En los primeros es poco frecuente observar situaciones donde los servicios son comercializados sin involucrar en ellos ningún producto en lo más mínimo y la mayor parte de estos bienes, tanto de consumo como industriales, necesitan servicios de soporte para ser útiles. A diferencia, en los segundos, generalmente el servicio, que es proporcionado con cierto sentido de obligatoriedad, rara vez infiere o lleva consigo un bien adicional.
Si bien por definición, los servicios tienen características distintivas que constituyen retos y oportunidades especiales de mercadotecnia, estas particularidades obligan a pensar en el diseño de programas específicos también de mercadotecnia; radicalmente diferentes de los de la mercadotecnia de productos. Una campaña publicitaria para propagar los servicios de
una obra de gobierno, o de los resultados de una de captación de recursos para fines benéficos, distará mucho de una campaña elaborada para vender los servicios de un banco, de un autoservicio o de una arrendadora de autos. Hablaremos en este artículo de los servicios de negocios y empresas profesionales.
El adecuado conocimiento y observancia de las características de los servicios, tales como: intangibilidad, inseparabilidad, heterogeneidad y demanda perecedera y fluctuante, determinarán el rumbo estratégico y creativo que se imprima a sus campañas publicitarias, trátese del sector público o privado. Los servicios son esencialmente intangibles, es difícil y en algunos casos imposible, que el consumidor pruebe, sienta, vea, oiga o huela los servicios antes de adquirirlos. Por tanto, la publicidad debe orientarse sobre los beneficios que pueden derivarse del servicio en vez del servicio mismo. No pueden tampoco separarse
de quien los vende; la mayoría son creados y distribuidos en forma simultánea. Esto limita los mercados, y hace de la venta directa un importante canal. Existen representantes tangibles, como los agentes de ventas, corredores de seguros y otros, que promueven el servicio que una institución produce. Por otra parte, es prácticamente imposible estandarizar la producción entre varios vendedores del mismo servicio. Vbgr.: la misma calidad del servicio diario del personal humano de aerolíneas, centros de atención a público, cajeras, demostradores, técnicos, entre otros. Siempre habrá variantes, por muy profesionales que éstos sean; la condición humana, refleja los humores, estados de ánimo, etcétera. Nada garantiza uniformidad en la calidad. Por último, infinidad de servicios son perecederos y no se pueden almacenar como “activos fijos”, los asientos vacíos de un avión, de un estadio, un mecánico desocupado en un taller, etcétera, todos representan ventas, negocios que no se hicieron.
TODO UN ABANICO DE ALTERNATIVAS
Como podremos imaginar, la gama de opciones que se ofrecen al combinar alguna de las características descritas del servicio, con una o más de las categorías de clasificación arriba señaladas, arrojan infinidad de vertientes y de variables en las que habrá que trabajar la publicidad de servicios, desde el análisis de viabilidades, los objetivos mercadotécnicos y los de comunicación, siempre en función de dos importantes factores: la oferta del productor y los deseos del consumidor. Sólo de esta forma se podrá responder así al planteamiento de la primera ley de la mercadotecnia: ¿es posible que mi campaña de servicios ofrezca lo que el cliente desea y está dispuesto a comprar y a esperar? o por el contrario, ¿le estoy vendiendo simplemente lo que yo creo que de mi servicio necesita? ¿Cuenta dicho servicio con algún producto que el usuario disfrutará temporalmente? ¿Tiene éste una marca? Y en todo caso, ¿le interesará dicha marca de producto, le será importante?, vamos, ¿debo yo de destacar alguna particularidad del servicio? o por el contrario, ¿la sumatoria de las partes me arroja un todo más atrayente?
LOS INFALIBLES DESEOS DE MI CONSUMIDOR
A fin de tener el planteamiento completo, y para complicar aún más el agudo cuadro que enmarcará la campaña, habría que considerar las percepciones y los deseos del consumidor, de que nos sea posible manifestarlos en una forma que se apliquen paradójicamente, en todas las categorías, a cualquier clase de servicio. El lector recibirá con incredulidad, si no es que con un rechazo absoluto, esta postura aparentemente contradictoria. Sin embargo, nótese que hablamos de los deseos del cliente, en función de cómo los entiende dentro del binomio deseos/servicios, por lo que es importante considerar que si bien los servicios son diferentes, es posible pensar en ellos dentro de una estructura común, lo cual significa que se establece una situación en que las necesidades del usuario se manifiestan en términos de atributos o ventajas del servicio. Las características pueden diferir de un servicio a otro, de modo que pareciera improbable usar un lenguaje común publicitario para describir los deseos del consumidor confrontándolos con las categorías del servicio como hemos visto, sin embargo no sólo es posible, es preciso hacerlo.
En la medida en que comencemos a investigar sobre las condiciones que los llevaron a desear, seremos más capaces de entender las razones de sus deseos y encontraremos la base motivacional para realizar con mayor éxito las estrategias creativas de las campañas publicitarias de servicios.
EL PARAGÜAS ORGANIZACIONAL
Una publicidad de servicios exitosa deberá incidir en los tres niveles de comunicación integral de la empresa moderna: Corporativa, Comercial y Organizacional. Su campo de acción se encuentra a menudo inmerso en las tres clasificaciones. Con énfasis en la última de ellas, la publicidad de servicios requiere de esfuerzos específicos en la cultura organizacional de la institución. No es atrevido decir que no basta una estrategia informativa para garantizar el cumplimiento de las promesas de campaña que los recursos humanos de la organización adquieren con el consumidor a nombre de ella. A diferencia, una campaña de productos, que aunque conlleva el riesgo de alteraciones de producción, generalmente ofrece estandarización por procesos industriales que garantizan la uniformidad en el producto terminado. ¿Una campaña de servicios? Habría que preguntarse
de que humor amaneció don José, la “cara visible” de la empresa que procura servicios con atención directa al público. No todo es atribuible al personal de servicio. Usted, ¿qué dice? Porque a diferencia de su publicidad, el servicio ya lo dijo todo.

Publicidad en Internet

por Daniel Reséndiz, Miguel Bernard, Fernando Sepúlveda, Xavier Faz y Miguel Rivera, McKinsey &
Company, Inc.
"Se insiste que fracasó, pero crece al 140% anual y supera las expectativas. ¿Quién tiene razón?"
PESIMISMO Y EUFORIA
Michael Eisner, el célebre CEO de Disney, afirmó categóricamente a principios de año que “la comunidad de anunciantes ha abandonado el Internet” al reflexionar sobre el cierre de Go.com, la apuesta multimillonaria de Disney por establecer una presencia en la "red de redes".
Por otro lado, en el año de 1998, en pleno auge de la Internet, los anunciantes gastaron 1,600 millones de dólares en comprar publicidad en línea en Estados Unidos (EUA), país con más del 80 por ciento del mercado mundial. En ese entonces los analistas auguraban que dicho gasto anual aumentaría 150 por ciento en dos años. En realidad fueron conservadores: el crecimiento para el periodo en cuestión fue de 280 por ciento. El gasto llegó a poco más de 6,100 millones de dólares en el año 2000 y la tasa de crecimiento anual compuesto entre 1995 y 2000 fue de 140 por ciento.
¿FRACASO O ÉXITO DE LA PUBLICIDAD EN LÍNEA?
No debería de sorprender que entre los miles de emprendedores que fundaron empresas dot.com apostando a cuantiosos ingresos por publicidad –incluyendo al mismo Sr. Eisner– la opinión generalizada sea que la publicidad en Internet fracasó como concepto. Al mismo tiempo, la evidencia empírica sugiere más bien un éxito rotundo. ¿Posiciones irreconciliables?
Como sucede con frecuencia, la verdad está en algún lugar intermedio: ni éxito ni fracaso. Ciertamente, estamos ante un fenómeno en etapas muy tempranas de evolución, con perspectivas favorables, pero con retos nada triviales.
De hecho el crecimiento meteórico del gasto en publicidad en Internet es engañoso. Después de todo, crecer a tasas altas cuando se parte de una base cercana a cero es muy fácil. Aun así, la situación actual es más compleja que un simple “abandono de anunciantes”, como lo reflejan incluso una serie de hechos y análisis elementales:

  • La Internet, contra las expectativas originales, resultó ser un medio más “cruel” que el mundo real. Los diez sitios más populares (v.gr., MSN, AOL, Yahoo, Amazon, eBay) concentran el 70 por ciento del gasto mundial en publicidad en línea. Peor aún, los 50 sitios dominantes aglutinan el 90 por ciento.
  • Muchos jugadores han perseguido pocos balones. Siendo generosos, y limitándonos a los 1,700 sitios que Business2.0 identifica como dependientes en buena medida de los ingresos por publicidad, cálculos sencillos (usando los datos de concentración del punto anterior) revelan que en el año 2000 los sitios menos favorecidos recibieron en promedio 370,000 dólares anuales de ingresos por este concepto. Esta cantidad difícilmente es suficiente para cubrir las aspiraciones de compensación total del fundador del negocio y los otros gastos de operación, ya ni hablar de recuperar inversiones o sustentar valuaciones astronómicas de mercado.
  • La poderosa funcionalidad de la Internet “jugó en contra” de los emprendedores. En el mundo offline ningún anunciante le paga a una revista en función del número de “pares de ojos” que efectivamente se posan en un desplegado en una página (si acaso, se usará la circulación total como indicador relevante). En cambio, en Internet es factible saber con precisión cuántas veces se ha “desplegado” un anuncio específico en cada sitio, cuántos consumidores diferentes lo han visto, qué otros sitios visitan esos mismos consumidores, la tasa de “conversión” de anuncios desplegados a compras, etc. Así pues, se dio lugar a un círculo vicioso (o virtuoso, dependiendo del lado en el que cada emprendedor se encontrara) en el que “cruelmente” la riqueza de la información disponible separó en forma nítida –y casi en tiempo real– a los sitios dominantes de los “del montón”.
  • A los usuarios de Internet, independientemente del país de origen, simplemente no les gustó el modelo en que se presenta la publicidad en línea. En EUA, aún en época de entusiasmo máximo por el medio, más del 71 por ciento de los usuarios manifestaron que “rara vez o nunca” hacen click en los distintos formatos de anuncios. En México –según Select-IDC, la empresa con la mejor información relevante– la situación es igual o peor, ya que el 75 por ciento de los usuarios manifiestan que “casi nunca o
  • nunca” hacen click en los anuncios.
Así pues, para evitar que los saludables crecimientos de la publicidad en Internet de años recientes terminen siendo una ilusión pasajera que desemboque en un fracaso verdadero, habrá que resolver una serie de retos apremiantes entre los que, cuando menos, se incluyen los siguientes:
  • Establecer una diferenciación clara respecto a la publicidad en medios convencionales. La “propuesta de valor” para el usuario del Internet ni puede ni debe aspirar a competir con la de los medios convencionales. En Internet, de manera más patente que en ningún otro medio, es el usuario el que escoge si le es útil y conveniente “exponerse” a la publicidad. Si hay valor, habrá clicks. Hoy no lo hay: el 50 por ciento de los mexicanos que navegan en Internet consideraron que la publicidad es “mala o regular”. Así pues, los intentos de organismos (Internet Advertising Bureau) que buscan una panacea al estandarizar los banners (entiéndase hacerlos más grandes e intrusivos– ¿será para que “repliquen” más fielmente a los de la TV?) parecen condenados a reducir aún más la propensión a hacer click .
  • Cerrar la brecha de preferencias entre los anunciantes. Hoy día el gasto total en publicidad en el mundo, en “medios convencionales”, es casi 30 veces más grande que el monto destinado a la Internet. Select-IDC reporta que en México 30 grandes emp resas le dedican el 5 por ciento de su gasto en publicidad a anuncios en línea.7 Comparativamente, en el mercado más grande del mundo –el de EUA– los cincuenta anunciantes más importantes le dedican menos del 1 por ciento de su presupuesto publicitario total a este nuevo medio.
¿QUÉ DEPARA EL FUTURO?
Especular sobre el futuro de la Internet ha llevado a su “tumba” profesional a muchos. Aun así, podemos aventurarnos a hablar con certeza de crecimiento en el corto plazo, pero a ritmos más moderados.
Probablemente se llegue pronto a una “meseta” donde la competencia con los medios tradicionales ponga un “techo” a la tasa de crecimiento de la publicidad en línea, siendo el único “motor” el ritmo al que se multipliquen los nuevos usuarios. Finalmente, creemos que para que se presente un “punto de inflexión” que dé lugar a otro periodo de crecimiento acelerado y a la efectiva “canibalización” de la publicidad en los medios tradicionales, tendrá que ocurrir un cambio de paradigma. Dicho cambio de fondo debe estar predicado en los siguientes principios básicos:
  • Una explotación más agresiva de la funcionalidad tan especial que conjuntamente ofrecen la Internet y los nuevos dispositivos para conectarse a la red (información valiosa en cualquier momento y lugar).
  • Un reconocimiento explícito de que los usuarios demandan –precisamente porque la funcionalidad es tan especial y distinta– una “propuesta de valor” diferente a la disponible a través de los medios convencionales (información a la medida de situaciones específicas/personales que deben satisfacerse en tiempo real).
Lo anterior implica felizmente “casar” lo que se puede ofrecer (más de lo que hoy existe) con lo que los usuarios demandan (menos de lo que hoy reciben). Publicidad en la palma de la mano, en el momento preciso que se necesita, con contenido relevante dada la situación que se enfrenta, perfectamente compatible con gustos y preferencias, nunca inoportuna y siempre a la medida. Así de fácil.
REFERENCIAS
1) Parkes, C. y Harding, J., “Disney may cut jobs and abandon Go.com”, FT.com site, enero 28, 2001.
2) (a) “1998 eOverview report indicates: U.S. Web Ad Spending Will Increase 533% to $8 Billion by 2002”,
www.emarketer.com/about_us/press_room/press_releases/000098_eo_adspend.html. (b) “Web Ad Spending
at $21 Billion in 2004”, www.business2.com/content/research/numbers/2000/06/22/13068.
3) Para el caso del mercado mexicano, se estima que en 2000 se gastaron 28 millones de dólares en publicidad en línea (www.kagan.com).
4) Bulik, Beth S., “Not by Ads Alone”, Business2.0, febrero 20, 2001, p.12.
5) Cross, Kim, “Venture Funding”, Business2.0, febrero de 2000, p.251.
6) Jupiter Consumer Survey, Vol. 1, 1998.
7) www.select-idc.com.mx, “Usuarios del Web – Percepción de la Publicidad”, febrero de 2001, p.4; “Publicidad en Línea por la Internet”, abril de 2001, p.15.
8) Morgan Stanley Dean Writer, “Internet Direct Marketing and Advertising Services”, febrero 22, 2001, p.3.

Psicología del Consumidor Mexicano

por Azucena Galindo, gerente de desarrollo de nuevos negocios, Grupo IDM
Así como desde el alba de la razón, el hombre se ha afanado en arrancar a la naturaleza sus secretos, el mercadólogo se ha dedicado a escrutar el comportamiento de los consumidores para conocer los por qué´s, cuándo´s, dónde´s y para qué´s de sus procesos de compra.
Debido a que no existe ningún instrumento que le proporcione las respuestas concretas a estas interrogantes, ha sido necesario apoyarse en la psicología, que se define como la ciencia de la naturaleza humana. Sólo así se podrá establecer un marco de referencia y entender la psicología del consumidor.
Los consumidores toman muchas decisiones de compra todos los días. El mercadólogo puede estudiar las acciones concretas de los consumidores, pero entender los por qué´s del comportamiento de compra no es tan fácil, las respuestas a menudo están encerradas en las profundidades del cerebro del individuo. La empresa que verdaderamente entiende la forma en que los consumidores responden a las diferentes características, precios y anuncios de los productos, tiene una gran ventaja sobre sus competidores.
Debido a que el comportamiento del comprador es un cadena de estímulos, procesamiento y respuestas muy extensa, nos centraremos en los factores relacionados directamente a las acciones del consumidor.
El estudio de la psicología en el proceso de consumo se refiere a la forma en que compran los individuos, grupos u organizaciones y el camino que usan para seleccionar, comprar, usar y desechar productos, servicios, experiencias o ideas para satisfacer necesidades, además del impacto que estos procesos tienen en el consumidor y la sociedad. Aunque la mayor preocupación de entender al comprador sea motivada por su uso, no se debe dejar de considerar la forma de desechar los productos, ya que hay una serie de problemas ambientales de gran impacto derivados de esto.
A diferencia de países más avanzados, en México el consumidor tiene poca cultura sobre el desecho de los productos. Situación que los fabricantes tampoco se han encargado en cambiar, pues las reglamentaciones del país no se lo exigen.
El observar al comprador es una herramienta muy útil. Ver cómo los consumidores seleccionan productos nos puede dar indicadores de cómo realizan su proceso de compra y qué necesidades tienen.
En el proceso de compra de los consumidores influyen marcadamente factores culturales, sociales, personales y psicológicos. El mercadólogo no puede controlar tales factores, sin embargo es fundamental que los considere para diseñar sus estrategias de mercadotecnia.
Los factores culturales son los que ejercen la influencia más amplia y profunda sobre el comportamiento de los compradores. Esto es igualmente aplicable para el consumidor mexicano, sin embargo a lo largo del estudio de su comportamiento se ha encontrado que la “familia” influye de manera preponderante en sus procesos de decisión de compra. La familia es la organización de consumo más importante de la sociedad y se le ha investigado ampliamente.
En la sociedad mexicana, la dinámica del comportamiento de la familia es diferente incluso a la de otros países de América Latina, independientemente del ciclo de vida en el que se encuentre (niño/adolescente - adulto joven soltero - pareja joven - madurez - nido vacío - viudez), el proceso, desde la decisión y hasta la realización de la compra es resposabilidad del ama de casa. Aunque ella es la que toma las decisiones, sus gustos y necesidades siempre quedan subordinados, en primer lugar a las demandas familiares y en segundo al gasto.
Los hijos ejercen un alto poder de influencia sobre los hábitos de compra, recreación y dinámica de la familia. Es por ello que son sometidos por parte de los fabricantes a un fuerte bombardeo promocional y publicitario. En el segmento infantil de la población mexicana, el mercadólogo encuentra un terreno fértil para llegar al realizador de las compras, el ama de casa.
A diferencia de otras culturas, el hombre mexicano es un consumidor menos participativo en cuanto a las compras que se realizan dentro del hogar, pues incluso algunas adquisiciones de artículos de uso personal son decididas y realizadas por el ama de casa. Su comportamiento es diferente en lo que se refiere a la compra de servicios o bebidas en donde él tiene mayor injerencia.
Aunque la conducta del hombre mexicano, como género se ve matizada por su nivel socioeconómico, sigue estando determinada por su naturaleza de proveedor económico. Por lo que generalmente queda fuera de las responsabilidades del hogar. No sólo la mayoría de
las decisiones de compra recaen sobre la mujer, sino también la educación y crianza de los hijos. A cambio, este proveedor material exige atenciones y muestras de agradecimiento de los miembros de la familia.
En la sociedad mexicana, la influencia que ejerce la familia sobre el patrón de consumo, no sólo se limita al núcleo como tal, papá, mamá e hijos, sino también a la familia extensa; por ejemplo suegros, hermanos o cuñados. Para el mexicano es de suma importancia tener la aprobación familiar y sentirse aceptado. Le preocupa mucho “el qué dirán”, situación que se acentúa en sociedades más cerradas como por ejemplo en la provincia, y se manifiesta aún más en las clases sociales bajas, ya que no es raro encontrar casos en que una familia, cohabita con sus parientes cercanos.
Enmarcando a la influencia familiar está el factor cultural, que comprende los valores, percepciones, deseos y comportamiento básico de un miembro de la sociedad, mismos que son aprendidos a través de la familia. En México hay valores culturales sumamente
arraigados, como ejemplo lo que ya se mencionó de la importancia de la familia, los roles masculino/femenino, la influencia de los hijos, que han sido transmitidos de generación en generación hasta nuestros días. Hay que conocer y dimensionar dichos valores para facilitar la comunicación con el consumidor.
Referente a la influencia que tiene la economía y la ocupación de los individuos sobre los patrones de conducta, en México encontramos que debido al nivel de desarrollo del país, con dificultades económicas y de grandes diferencias sociales, los productos sensibles a cambios de precio tienen que ser muy dinámicos en cuanto a sus estrategias de adaptación en aras de no tener fuertes caídas, un ejemplo es ofrecerlos en empaques que sean más accesibles. El consumidor recurre a otras marcas no por deslealtad sino por necesidad y, en algunos casos, según el producto, abandona la categoría. En países con consumidores tan
castigados, estos factores son el paradigma del brand equity, se valora la marca pero no puede costearse.
De los factores psicológicos, el que viene en primer término es la motivación, ya que en función de esta se va generar el impulso de compra. Retomando la teoría de la motivación de Maslow, la cual jerarquiza las necesidades de un individuo y comienza por
las de menor hasta las de mayor urgencia, es difícil establecer una correlación entre el nivel de consumo del individuo y sus necesidades, ya que no forzosamente se sigue este orden para motivar la compra o no de un producto. Los estímulos para el consumidor tienen implicaciones más allá de la mera “necesidad”.
CONCLUSIONES
En conclusión, descifrar el comportamiento del comprador es un reto difícil de lograr pero indispensable desafiar para llegar a entender el complejo conjunto de estímulos y emociones que lo influyen a la hora de tomar una decisión de compra. Para desarrollar estrategias de mercadotecnia que motiven el consumo del mexicano es fundamental darle el valor justo a la familia y a la cultura –en ese orden–, sin dejar de considerar su situación económica.
BIBLIOGRAFÍA
Geldard A., Frank (1968), Fundamentos de Psicología. México: Editorial Trillas Kotler, Philip y Armstrong, Gary (2001), Mercadotecnia. México: Pearson Educación
* Perner, Lars, Ph. D “Review of material consumer behavior and consumer marketing classroom material for the psychology of consumers”, The George Washington Univesity
* Timmerman, T. (1999), “Establishing the structure of band images from a feature-based prespective on Memory”, Development in Marketing Science, vol. 22, 1-5.
* consultas hechas a través de Internet.

Pruebas de Producto: Una Revisión Crítica

por Javier Alagón, director general, Estadística Aplicada e Investigación de Mercados y presidente, Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercados y Opinión Pública (AMAI)
Para las compañías manufactureras de productos de consumo masivo, las pruebas de producto constituyen una de las herramientas de investigación de mercados más valiosas. En México, casi uno de cada siete estudios de mercado involucra una prueba de producto (AMAI, 1999). De manera aproximada, se realizan alrededor de 750,000 entrevistas anualmente en nuestro país que implican la evaluación directa de algún producto.
En otras latitudes, las pruebas de producto también ocupan un lugar muy relevante dentro de la investigación de mercados. Esto es debido a que la percepción de las características intrínsecas de los productos determina, en gran parte, el éxito de los mismos. No es una exageración afirmar que las grandes compañías multinacionales de productos de consumo masivo libran feroces batallas no nada más en el mercado, sino a través de pruebas de producto.
Según J. Thomas (Marketing News, Sep 1993), las pruebas de producto son “las investigaciones de mercado más valiosas para la mayoría de las compañías”, puesto que en muchos casos, compañías comprometidas con pruebas de producto rigurosas y continuas, alcanzan en el largo plazo mejores productos que la competencia. Lo anterior les trae, por lo general, aumentos en participaciones de mercado, incrementos en los efectos positivos de cualquier campaña mercadológica y una mejor posición en precios que la competencia.
Según Thomas, para gozar de los beneficios plenos de las pruebas de producto, se requiere el cumplimiento de los siguientes siete lineamientos básicos:

  1. Enfoque Sistemático. Se requiere la estandarización de metodologías y procedimientos, principalmente en diseños, cuestionarios, esquemas de muestreo, formas de tabulación y de análisis estadísticos.
  2. Bases de Datos Normativas. Es muy importante que la información recabada de pruebas de producto se almacene y se analice de manera continua. De esta manera, se pueden establecer benchmarks numéricos y estadísticos para la interpretación cabal de pruebas en el futuro.
  3. Utilización de la misma agencia de investigación. Con ello se reducen las variaciones extrañas (errores no de muestreo) dentro de una prueba.
  4. Realización de pruebas en ambientes reales. En la medida de la posible, la evaluación del producto debe ser hecha bajo las condiciones habituales de consumo (no es recomendable, por ejemplo, realizar una prueba de una salsa o de un cereal con leche, a cualquier hora del día).
  5. Universo Relevante. Es importante que la prueba de producto se lleve a cabo por el grupo meta (target) y que se busque la representatividad en las variables de mercado fundamentales.
  6. Utilización de variables críticas. Se deben medir las variables que sean relevantes para los consumidores, no sólo para las compañías manufactureras. Las sesiones de grupo o las entrevistas a profundidad pueden ser sumamente importantes para la determinación de las variables críticas del estudio.
  7. Seguimiento de acciones conservadoras. La fórmula de un producto no debe cambiarse sin pruebas cuidadosas y análisis exhaustivos.
Además de los siete puntos anteriores, para que las pruebas de producto tengan sentido y puedan ser utilizadas estratégicamente, se deben vigilar los siguientes aspectos metodológicos:
  1. Elección de un diseño adecuado entre diseños monádicos, monádicos secuenciales, protomonádicos y comparativos puros(Cuadro 1).
  2. Análisis estadísticos congruentes con el diseño utilizado.
  3. Establecimiento de “estándares de acción” ANTES de que se realice el campo y contrastación estadística (no numérica) de dichos estándares.
A continuación se presenta una discusión de los puntos anteriores.
ELECCIÓN DE UN DISEÑO ADECUADO
En el Cuadro 2 se presentan las principales ventajas y desventajas de cada uno de los diseños.
Los diseños monádicos son los más comúnmente utilizados (principalmente en Estados Unidos), por su sencillez y por apegarse más fácilmente a la forma en que normalmente se utiliza un producto de manera cotidiana. Sin embargo, nuestra experiencia en México y en otros países latinoamericanos nos señala que los sesgos que ocurren en la mayoría de las evaluaciones monádicas son tan fuertes, que impiden una lectura adecuada de la información: encontrar diferencias significativas entre evaluaciones de distintos productos no es fácil, aun cuando los productos muestren “claras” diferencias.
A menudo, la información numérica derivada de diseños monádicos es muy plana. Esto es debido a la escasa discriminación que se puede lograr con las escalas ordinales habituales y la falta de referentes para los consumidores. Las respuestas comunes se concentran muy fácilmente en las partes superiores de las escalas.
Por lo anterior, los diseños monádicos debieran utilizarse solamente cuando se desee realizar una evaluación mínima de un producto. Nuestra experiencia señala que las evaluaciones monádicas no tienen la potencia suficiente para detectar diferencias que pueden ser muy importantes en el consumidor en el mediano o en el largo plazo.
En el otro extremo de los diseños monádicos, se encuentran los diseños comparativos puros. Con éstos, la evaluación de los dos (o más) productos ocurre en igualdad de circunstancias, libre de sesgos de utilización de escala, y se pueden detectar fácilmente diferencias sutiles entre los productos que sí pueden hacer la diferencia en la elección de productos en el mediano y en el largo plazo. Nuestra experiencia indica que estos diseños son sumamente eficaces para detectar si pequeñas diferencias entre productos pueden hacer la diferencia en la percepción de los mismos.
La principal flaqueza de los diseños comparativos puros es que la evaluación no se realiza de forma similar a como se utilizan los productos de manera cotidiana: hay un dejo de artificialidad en la forma en que se realiza la evaluación. Sin embargo, este argumento podría también ser aplicado a la evaluación misma que se realiza aun en pruebas monádicas.
Si además de la evaluación comparativa se desea contar con información monádica, los diseños protomonádicos representan la mejor opción. De hecho, si la evaluación monádica se realiza de manera rápida y “abierta” (sin presentar listas de atributos), los diseños protomonádicos representan la mejor opción. Si se desea contar con la información monádica completa, entonces los diseños monádicos secuenciales son la mejor opción y, de hecho, pueden combinarse con una evaluación comparativa al final. De esta manera se extrae el máximo de información (a costa del entrevistado, por supuesto).
Desde luego que el mayor costo de los diseños protomonádicos es, en ocasiones, una barrera decisiva para que se opte por diseños monádicos. Sin embargo, en la medida de lo posible, los diseños protomonádicos debieran ser utilizados para poder tener confianza plena en que los consumidores diferencian, en efecto, entre distintos productos.
ANÁLISIS ESTADÍSTICOS Y ESTÁNDARES DE ACCIÓN
Resulta obvio que los análisis estadísticos deben adaptarse a los diseños utilizados. Sin embargo, a menudo se ignoran los diseños, y la utilización sistemática de pruebas estadísticas puede realizarse bajo supuestos erróneos. Por ejemplo, la utilización de pruebas en diseños monádicos secuenciales, sin tomar en cuenta que no existe independencia en las muestras; o bien, la utilización de pruebas de medias, sin verificar que las varianzas son similares; o peor aún, la utilización de estadísticos de prueba incorrectos.
La utilización de pruebas estadísticas ocurre frecuentemente sin un planteamiento claro de las hipótesis de prueba. Es muy recomendable que las hipótesis de prueba se planteen ANTES de llevar a cabo la evaluación. De hecho, para el caso de reformulaciones de producto (es decir, cuando se proponen algunos cambios a la fórmula actual), el planteamiento de hipótesis puede ser determinante para tomar una decisión inteligente.
En pruebas de reformulaciones se tienen dos posibles situaciones: la primera, en las que se hace una mejoría al producto y se desea que los consumidores la detecten; en la segunda, se le hace un cambio al producto con el objeto de reducir costos de producción y se desea que los consumidores no lo detecten. En las dos situaciones, el plantemiento de hipótesis es crucial, puesto que jugar con los errores tipo I y II (“alfa” y “beta”) optimiza el proceso de la toma de decisiones: las reformulaciones deben ser implementadas sólo cuando exista plena evidencia estadística. Sin el planteamiento y análisis de las hipótesis de prueba, la toma de decisiones puede ser un ejercicio sumamente arriesgado, aun cuando las demás etapas de la prueba del producto hayan sido realizadas de manera correcta.
Además de lo anterior, el establecimiento de estándares de acción ANTES de realizar la prueba es fundamental para que la discusión de los resultados sea nítida y exenta de preferencias e intereses dentro de la compañía. Todos los involucrados deben ponerse de acuerdo, antes de realizar la prueba, en las implicaciones que pueden tener los diferentes escenarios derivados de la prueba de producto. Las decisiones deben estar delineadas antes de realizar las pruebas. De lo contrario, las discusiones pueden ser interminables aun cuando se cuente con información objetiva y precisa.
CONCLUSIÓN
Con el seguimiento de los principios básicos delineados en este artículo, estoy seguro que las pruebas de producto pueden convertirse en una de las herramientas más poderosas para alcanzar una mejor posición de mercado.
Cuadro 1. Principales Diseños utilizados en Pruebas de Producto.

Cuadro 2. Principales Ventajas y Desventajas de los Diseños

El Papel de las Pruebas de Concepto en el Lanzamiento de Nuevos Productos

por: Javier Alagón, director general, Estadística Aplicada
Dentro de la mercadotecnia, el desarrollo de nuevos productos es una de las áreas más apasionantes. El desarrollo de nuevos productos es un área tan sensual que, en muchas compañías, se le dirigen esfuerzos de sobra y se llegan a descuidar áreas o actividades con rentabilidades probadas, de las que depende la sobrevivencia de la compañía: por lo general, unos cuantos productos o marcas bien establecidas mantienen las finanzas sanas de las compañías exitosas.
Las estadísticas disponibles en otras latitudes, hablan de que solo uno de cada diez lanzamientos de productos, es exitoso. En México, no se cuenta con dichas estadísticas, pero de manera informal, los encargados de las áreas de nuevos productos de grandes
compañías multinacionales, hablan de tazas de éxito por debajo del 25% (es decir, mucho peor que un volado).
El objetivo del artículo es hacer una revisión critica del papel de las pruebas de concepto en el lanzamiento de nuevos productos.
LAS PRUEBAS DE CONCEPTO COMO PARTE DEL PROCESO DEL LANZAMIENTO DE PRODUCTOS
No existe un patrón estándar en el desarrollo de nuevos productos. En muchas compañías ni siquiera existe un área formal de nuevos productos, por lo que la responsabilidad se diluye entre múltiples actores. A pesar de ello, el lanzamiento de un nuevo producto, se encuentra precedida por cuatro fases, que no necesariamente tiene una estructura en serie (modelo de NPD):
  1. Exploración/Generación de Ideas
  2. Desarrollo de Conceptos
  3. Desarrollo de Productos
  4. Integración de Concepto y Producto ante características del mercado
Después del lanzamiento, se encuentra una fase sumamente importante, que es el seguimiento, ya sea formal o informal, del desempeño del producto en el mercado.
Las pruebas de concepto constituyen una etapa absolutamente crítica en el lanzamiento de nuevos productos, pero requieren de mucho talento y experiencia para que sean de utilidad y se ubican como parte del punto 2 anterior. En las pruebas de conceptos, se pueden utilizar enfoques cualitativos o cuantitativos. Estos últimos, sin embargo resultan especialmente relevantes para la investigación de mercados que pretende hacer predicciones.
El aspecto crucial para que las pruebas de concepto sean de utilidad, es el establecimiento previo de los parámetros clave y de los valores de referencia (benchmarks) que deberán tener dichos parámetros para que se considere adecuado el desempeño del concepto. Si esto no se realiza, como frecuentemente ocurre, la investigación puede ser tan maquiavélicamente utilizada, que quizás valdría la pena no haberla hecha. Ahora bien, el establecimiento de los benchmarks debe hacerse con base en experiencias previas (y en el conocimiento del mercado). De hecho, esto es uno de los puntos de venta más importante de varias agencias, sus bases de datos y la capacidad de extraer benchmarks útiles. Aunque se ilustra la paradoja clásica del investigador de mercados: que no se debe hacer ningún ejercicio de investigación de mercados por primera vez, pues en ella, no hay forma de interpretar cabalmente los resultados.
A pesar de la gran importancia de las Pruebas de Concepto para la predicción del gusto probable por un nuevo producto, éstas se pueden convertir fácilmente en un arma de doble filo. La lectura e interpretación de la información recabada depende críticamente de varios factores:
  • la evaluación se hace ciega o identificada (con marca)
  • la evaluación se hace con precio o sin precio
  • nivel de “acabado” del concepto: con fotografía, dibujo, dummy.
  • nivel de descripción verbal en el concepto: una frase simple vs una cadena de ideas y beneficios.
En las pruebas de concepto cuantitativas, los valores numéricos correspondientes pueden diferir tanto, dependiendo de los cuatro factores anteriores, que si no se cuenta con una base de datos de estudios similares para la categoría de interés o para categorías similares, con características parecidas, nunca podremos saber si un top box de intención de compra de 34% es un buen indicador o malo. Bajo un contexto de inexperiencia y/o de no sistematización de la información obtenida en el pasado, la realización de pruebas de concepto se convierte en un ejercicio estéril.
Desafortunadamente, aún con benchmarks, fácilmente se pueden cometer errores en la interpretación de valores numéricos, si cambian las condiciones del estudio, o si las bases de datos no corresponden a las condiciones del mercado. Por ejemplo, es bien sabido que las formas de contestar de los consumidores de diferentes países no son homogéneas y un 34% obtenido en México, no tendría el mismo significado en Brasil, por lo que habría que tener mucho cuidado en interpretaciones referidas a benchmarks de otros países.
Las dimensiones más comunes en las que se evalúan los conceptos son intención de compra y unicidad (o diferenciación). Esta última es la base de todo el arte de la construcción de marcas. Típicamente, los conceptos se evalúan de manera monádica, con grupos independientes, o bien de manera secuencial monádica.
Finalmente, un aspecto crucial en la realización de pruebas de concepto, dirigidas a la consecución de lanzamientos de productos exitosos, es la evaluación en un grupo meta (target) amplio y no reducido a lo que se ha trazado como target primario. Esto es debido a que si el target es muy reducido, quizás el concepto puede resultar muy atractivo para dicho target, y las proyecciones de volumen pueden ser sumamente optimistas (es decir, la prueba se convierte en una especie de profecía de auto-complacencia). Otro punto importante es que puede ser incorrecto comparar scores de pruebas en un grupo reducido con los de poblaciones más amplias. Por lo general, los scores de grupos reducidos son más altos, pero esto no significa que se tenga mayor potencial de volumen. La recomendación en este sentido es hacer pruebas con grupos ampliados con la posibilidad de tener sobremuestras de
grupos especiales de interés.
Obviamente, el tener un concepto atractivo para un producto es un avance importante, aún en situaciones en donde la inspiración haya estado presente, pero tiene que atarse con un producto que tenga no tan solo un buen desempeño, sino que además, sea congruente con el concepto. En esto, las pruebas de producto, juegan un papel fundamental. El tema de las pruebas de producto es tan amplio, que no puede ser tocado con la amplitud que merece en esta ocasión.
Finalmente, existen las pruebas de concepto y producto que se realizan con el fin de evaluar la mezcla completa.
PRUEBAS DE CONCEPTO Y PRODUCTO
En estas pruebas se evalúa la congruencia del producto y el concepto y por lo general, se pretende una estimación del volumen o participación que alcanzará el nuevo producto en un tiempo razonable después de su lanzamiento, así como la perfilación del grupo de consumidores.
Esta es una de las pocas áreas de investigación de mercados, en donde el investigador pone su cuello a expensas de otras áreas y se debe proveer un número comprometedor, a sabiendas que dicho número se podrá verificar en el futuro. Es por ello, que el área de nuevos productos se puede convertir en una de las áreas con mayor adrenalina en el camino.
Existen muchas variantes de las pruebas de concepto y producto, muchas de ellas extienden la prueba de producto hasta que se tengan estimaciones fiables de recompra. En todos los casos, sin embargo, se intentan medir la tasa a la que el nuevo producto será comprado por los consumidores, es decir la tasa a la que el nuevo producto se “difunde” en el mercado.
Este enfoque de modelaje, basado en prueba inicial/repeticiones se conoce en el medio de Investigación de Mercados como Modelo de Fourt Woodlock, puesto que se basa en el trabajo original de dicho investigador.
A lo largo y ancho del mundo, existen diferentes modelos ofrecidos por diversas agencias de investigación que se basan en el esquema de Fourt Woodlock. Típicamente, el proceso consiste en dos fases: en la primera se hace la prueba inicial del concepto, mediante la cual se puede estimar la tasa de prueba inicial; en la segunda, se realiza la prueba de producto (con diferentes variantes) para estimar las tasas de repetición. Ambas fases pueden apoyarse mediante la información obtenida en diseños longitudinales, tipo panel.
A pesar de que suena tan sencillo, la predicción de volúmenes de venta y participaciones de mercado, con base en estudios de mercado, puede ser un ejercicio arriesgado y existen multitud de casos documentados en donde los modelos más sofisticados no han podido predecir con un nivel razonable de precisión los volúmenes de venta y participaciones de mercado. Existen diferentes razones para ello:
  1. En muchas simulaciones no se cuenta con la versión final del producto, ni del empaque, y en ocasiones, ni siquiera del concepto. La realidad es que las compañías desean obtener un feeling del mercado en las fases iniciales del desarrollo de un nuevo producto, antes de haber gastado/invertido mucho dinero. Por ello, en la mayoría de las ocasiones se usan conceptos en tableros, en lugar de publicidad final y dummies en lugar del envase final del producto. ¿Importa mucho? Depende, en ocasiones un concepto de tablero puede ser aún más eficaz que la publicidad final para comunicar los beneficios principales. Pero claramente, no es lo mismo presentar un tablero para un producto que será movido por imagen, que un producto que será movido por desempeño.
  2. Muchas simulaciones de mercado se llevan a cabo con grupos con perfiles sociodemográficos reducidos. En este caso, los volúmenes proyectados deberán referirse obviamente, sólo a este grupo de consumidores y no a toda la población, aunque por supuesto algún efecto de “derrame”, seguramente se presentará: es decir, consumo del producto por segmentos poblacionales no contemplados en la evaluación predictiva. De manera especial, se debe tomar en cuenta que el comportamiento como consumidores en poblaciones urbanas puede diferir de manera importante del correspondiente en poblaciones rurales. Dicho de otra manera, datos de un estudio en México, Guadalajara y Monterrey NO pueden usarse para proyectar consumos ni siquiera en la población urbana del país, mucho menos para poblaciones rurales.
  3. En todo tipo de investigaciones, los datos directos obtenidos de las respuestas de los entrevistados, contienen sesgos naturales: la manifestación de una intención de compra, aún teniéndola genuinamente en el momento de la entrevista, no se traduce en compra o participación real. Por ello, resulta muy importante conocer verdaderamente lo que significa un valor en la escala utilizada, y para ello, la experiencia y el uso inteligente de la información son los mejores aliados.
  4. En una gran diversidad de ocasiones, las fallas en el desempeño de un producto no provienen de malas o escasas investigaciones de mercado o de análisis deficientes realizados con ellas, sino de una serie de factores ajenos, que no pertenecen en ocasiones, ni siquiera al ámbito de la marca:
    • costos más altos de los anticipados
    • respuesta muy lenta de la compañía y el producto llega tarde al mercado
    • respuesta demasiado rápida de la compañía y el producto no llega bien desarrollado al mercado
    • reacciones inesperadas de la competencia
    • entornos económicos desfavorables
    • inexperiencia en el manejo del lanzamiento
    • fallas en producción y distribución
    • fallas en comunicación: mala publicidad o falta de inversión publicitaria
    • defectos en productos (fórmulas no estables)
CONCLUSIONES
Las pruebas de concepto constituyen una herramienta poderosa para determinar si un producto tiene viabilidad en un mercado. Para poder utilizarlas adecuadamente, se requiere sin embargo, de mucha experiencia en la interpretación de datos de estudios de mercado, de la adecuada utilización de valores de referencia (benchmarks) con los que se puedan hacer diagnósticos, de talento en el diseño de la investigación y en ocasiones, hasta de buena suerte, para que la Prueba de Concepto pueda ser utilizada con fines predictivos.
REFERENCIA
La mayor parte de este artículo fue presentado en el VIII Seminario de Actualización Profesional de la AMAI (Asociación de Agencias de Investigación de Mercados de México), el pasado 17 de Agosto de 2001, como parte de una ponencia más general sobre el
Papel de la Investigación de Mercados en el Lanzamiento de Nuevos Productos.

La promocion mas exitosa de Mexico

¡Meses sin intereses es sin duda la promoción que mayor impacto ha tenido en el mercado promocional en México!
Al analizar el comportamiento del mercado promocional de México de los últimos años, veo que sin duda hoy por hoy la promoción mas exitosa en nuestro país, ha sido la del concepto promocional “MESES SIN INTERESES
Su creación se atribuye a AMERICAN EXPRESS, sin duda un concepto promocional que surgió para quedarse.
En un sondeo realizado a finales del 2005, con consumidores de segmento medio y que usan Tarjeta de Crédito, se tuvo el siguiente resultado:
  • En el ultimo año (2005), la gran mayoría (mas del 86%) habían utilizado cuando menos una vez esta promoción de meses sin intereses
Si analizamos y contextualizamos, el esquema promocional de MESES SIN INTERESES, tiene atributos altamente atractivos, lo que le da elementos para convertirse en un esquema promocional exitoso
1. PERMITE REALIZAR COMPRAS ADICIONALES y DE MAYOR VALOR
  • Cumple así con la esencia de la promoción de ventas, al generar la compra adicional y/o de mayor valor
  • Si bien al inicio su enfoque fue mas bien para compra de bienes de valor medio, poco a poco se ha ido expandiendo su uso para compra de vinos, ropa y bienes de consumo, solo pidiendo eso si, compras con un monto mínimo
  • Esto es paso de compras de alto valor a compras de productos y servicios de menor monto y prácticamente de productos de consumo.
2. EL PRECIO DE LOS BIENES Y SERVICIOS NO ES EL FACTOR RELEVANTE PARA LA TOMA DE LA DECISION DE COMPRA
  • Al igual que el esquema de “pagos chiquitos” de Elektra, el cliente valora primeramente cuanto va a pagar cada mes y no necesariamente el pago total o incluso el sobreprecio que por el financiamiento se aplica al valor de los bienes o servicios.
  • Todo cuesta y el financiamiento por supuesto que tiene un costo (costo del dinero)
  • Sin embargo la propuesta de SIN INTERESES es el gran atractivo para comprar en esta modalidad.
  • Así la decisión de compra se toma considerando el pago mensual a realizar y no el precio final del bien o servicio a adquirir, el cual desde luego lleva adicionado el costo financiero del plazo de los meses sin intereses.
3. ES UN FINANCIAMIENTO DE CORTO Y MEDIANO PLAZO
  • Utilizando a la tarjeta de crédito como medio de pago para este tipo de promociones, el crédito al consumo se ha fortalecido y ha evolucionado a un financiamiento de mediano plazo y para bienes tanto duraderos, como de consumo.
  • Esta promoción es finalmente un financiamiento disfrazado, toda vez que en el momento de aceptar la compra el pago se amplia o abre automáticamente una línea de compra, con la característica de que se diluye el pago en los meses considerados en la promoción
  • Los primeros programas promocionales de meses sin intereses, empezaron con plazos de 6 meses, posteriormente se fueron ampliando a 9 meses, 12 meses, 18 meses, 24 meses y recientemente he visto algunas promociones de hasta 48 mees.
  • La ampliación del plazo ha permitido el que la promoción cobre mayor fuerza, toda vez que un mayor plazo, permite compras de mayor valor
  • Y así automáticamente la línea revolvente de la Tarjeta de Crédito permite que la línea sea flexible y de mayores montos de financiamiento al ampliar el plazo
4. LA INCORPORACION DE OTROS INCENTIVOS PROMOCIONALES, HACE MAS ATRACTIVA ESTA PROMOCION
  • Al adicionar monedero electrónico, premios, venta nocturna y concursos, solo por mencionar algunos incentivos, estos han contribuido a hacer más atractiva la promoción de meses sin intereses.
El crecimiento del Crédito al Consumo ha sido extraordinario en los últimos cuatro años y sin duda Meses sin Intereses vinculado a las tarjetas de crédito, son las estrellas de este crecimiento. Se habla de que volumen del financiamiento vía tarjeta de crédito ha permitido crecimiento reales superiores al 20% anual en el monto financiado.
La gran pregunta que sigue en cuanto a la dinámica evolutiva de esta promoción, es que sigue, hacia donde va su tendencia. Todo lo anterior me permite hacer las siguientes reflexiones:
  • Las tarjetas de crédito empiezan a reflejar una saturación de las líneas de crédito, lo cual sin duda incidirá en que la promoción de meses sin intereses se contraiga
  • El crecimiento reciente de la Cartera Vencida, también será un factor que restringirá la flexibilidad y crecimiento que se dio años atrás con esta promoción
  • Una vez probado el modelo exitoso de meses sin intereses, siento que es el momento de mover el instrumento de financiamiento y utilizar esquemas directos de crédito/financiamiento, los cuales no necesariamente estarán vinculado a la tarjeta de crédito.
FERNANDO VELASCO PINO; Es Conferencista, Instructor Nacional e Internacional Consultor, Escritor en temas de Mercadotecnia, Promoción y Ventas. marketingpino@infosel.net.mx

Promociones en precio: ¿Cómo afectan a las ventas?

por Georges Zaccour, full professor HEC Montreal, profesor visitante ITAM
Es casi seguro afirmar que hoy en día la probabilidad de encontrar un supermercado sin anunciar diariamente rebajas en precios en algunos de sus productos es casi nula. La racionalidad económica detrás de esta acción es clara; cuando el precio disminuye, la
demanda aumenta. Queda pendiente, sin embargo, verificar si las rebajas en precio son rentables. Para evaluar su efectividad es necesario entender perfectamente los diferentes impactos generados por el uso de esta herramienta promocional. Esto dista mucho de ser un trabajo trivial. Es más, es frecuente el caso en el que los descuentos son acompañados por otro tipo de acciones, como por ejemplo, publicidad y exhibidores en el punto de venta. Cuando dicha combinación de herramientas es utilizada, determinar correctamente la efectividad de la promoción en precio se vuelve más complejo. Antes de detallar algunas metodologías usadas para determinar los impactos de la promoción en precios y los resultados obtenidos, puede ser de utilidad empezar mencionando los diferentes impactos potenciales de la promoción en precios.
Impactos en ventas como resultado de promociones en precio
Las promociones en precio pueden tomar varias formas. La más familiar es obviamente la reducción del mismo. Las reducciones pueden anunciarse como un porcentaje del precio regular o como absolutas. Las porcentuales son típicas en ropa (por ejemplo, el precio de
un suéter se reduce en un 30 por ciento) mientras que las absolutas se practican por ejemplo en los supermercados (el precio de una marca de tequila se reduce de 119 a 99 pesos). Esta distinción puede parecer a primera vista innecesaria, ya que los dos tipos de
reducciones son aritméticamente equivalentes. Desde esta perspectiva, es absolutamente cierto. Desde el ámbito del comportamiento del consumidor, aparentemente las dos posturas no son perfectamente equivalentes.
Los cupones son una segunda forma de promoción en precio. El impacto de dicha herramienta en las ventas puede ser extremadamente diferente al generado por una reducción directa en el precio (equivalente al valor del cupón), simplemente porque el consumidor necesita intercambiar el cupón para que sea válida la promoción. Las reducciones de precio son usualmente iniciadas por el detallista mientras que las campañas con vales son realizadas por los fabricantes. Evidencia empírica muestra que el valor nominal del cupón y sus características (temporalidad, dentro o sobre el empaque, dentro de los boletines de las tiendas, etcétera) tienen un fuerte impacto en la tasa de redención, la cual oscila entre 0 y 10 por ciento.
Los paquetes de productos pueden ser vistos también como una acción de promoción en precio. Éstos pueden ser del mismo producto (una suscripción por un periodo mayor a un periódico o a una serie de conciertos) o de diferentes (champú y acondicionador). En
todos los casos, lo que se busca es que el consumidor pague menos por unidad al comprar el paquete que al comprar la pieza por separado.
Obviamente, uno puede pensar en muchas otras formas de promociones en precio. No obstante, la lista de impactos hipotéticos en ventas puede ser similar para todas las herramientas promocionales de precio. Me concentraré en la secuela de promoción
directa de precios con el propósito de ser más claro.
Con el fin de derivar la lista del impacto en ventas, asumiré que existe un producto vendido bajo diferentes marcas y que cada una ofrece distintos tamaños (para entender la idea piense en yogurt, cereales, detergentes u otro tipo de producto consumido
comúnmente). Ahora suponga que el precio de un artículo en particular es rebajado. Para determinar la efectividad de dicha acción es necesario evaluar su impacto en:
(a) Ventas actuales del artículo.
(b) Ventas actuales de otros tamaños de la misma marca.
(c) Ventas actuales de otras marcas (todos los tamaños).
(d) Ventas futuras del artículo.
(e) Ventas futuras de todos los otros artículos (diferentes marcas y diferentes tamaños).
Normalmente, el primer efecto es positivo y todos los demás son negativos. De hecho, los efectos (b) y (c) representan una pérdida en ventas debido a los resultados de sustitución o de canibalización y (d) y (e) representan la pérdida en ventas futuras debido a la compra anticipada o a las reservas de los consumidores. La magnitud de estos efectos depende, entre otras cosas, de la equidad de marca, lealtad de los consumidores y durabilidad del producto.
Hasta ahora, al derivar esta lista definí el concepto de categoría de producto de una manera estrecha (por ejemplo, la categoría del producto es vista como el conjunto de marcas de yogurt o cereal). Si uno extiende esta definición, como debería de ser en mi
opinión, entonces la lista anterior está incompleta. De hecho, si uno supone por ejemplo que el yogurt pertenece a la categoría de postres, entonces reducir el precio de un cierto yogurt puede afectar las ventas de otro producto dentro de la categoría de postres. Por lo tanto, deberemos agregar a nuestra lista el impacto en:
(f) Ventas de otros productos en la misma categoría (aumentada).
Es importante notar que el consumo de ciertos productos requiere del uso o complemento de otro. Sí un artículo cuyo precio ha sido reducido es complemento de otro, entonces se deberá añadir el efecto en:
(g) Las ventas de productos complementarios.
La reducción en precio puede atraer a consumidores que usualmente compran en una tienda diferente. Una condición necesaria para que este efecto de cambio de tienda ocurra es que la información acerca de la reducción en precio se divulgue también fuera de ella.
La idea es que estos consumidores acaben por adquirir otros productos diferentes a aquél que los incitó a visitar dicha tienda. Por lo tanto, necesitamos tomar en cuenta el incremento en:
(h) Ventas debido al cambio de tienda.
Como se mencionó anteriormente, la reducción en el precio puede ser acompañada por otras acciones. Si esto es cierto, el director de mercadotecnia necesita considerar alguna sinergia eventual entre estas acciones (publicidad, exhibidores, etcétera) y la rebaja en precio.
Modelos utilizados para evaluar estos efectos
La evaluación de estos efectos implica el cálculo de elasticidades, es decir, el cambio porcentual en la cantidad demandada entre el cambio porcentual en precio. Para lograr esto, es indispensable tener un modelo. Un estudio de la literatura existente al respecto muestra que, básicamente, los modelos adoptados se encuentran en una de las siguientes categorías: modelos de elección de marca, modelos de regresiones y modelos de series de tiempo. La primera categoría usa típicamente un modelo logit, donde la utilidad de la alternativa de selección (marca) es explicada por un número de variables independientes, entre ellas, la promoción en precio. La idea detrás de los modelos de regresión y de series de tiempo es la misma, sólo que en este caso la variable dependiente es generalmente las ventas o un índice de ventas y el análisis es realizado a nivel agregado en vez de a nivel
individuo. El lector interesado en el tema puede buscar referencias en Blattberg y Neslin (1993).
Síntesis de los resultados obtenidos
Efectos propios: No obstante que los diferentes estudios reportan diversos rangos para la elasticidad del precio, todos ellos señalan que el impacto en ventas de una reducción en precio es muy importante. Por ejemplo, Bemmaor y Mouchoux (1991) reportan una elasticidad de entre –11 y –2, mientras que Gagné, Kooli y Zaccour (1997) encuentran que la elasticidad del precio está en el rango de –7.88 a –0.94. Este mismo estudio reporta que más del 80 por ciento de las ventas de algunas marcas se obtiene durante los promocionales.
Efectos de sustitución: Blattberg y Wisniewski (1988), Allenby (1989) y Gagné et. al. (1997) encontraron que, para una marca dada, las elasticidades cruzadas (si al aumentar el precio de una marca, se eleva la cantidad demandada por otras) son relativamente pequeñas cuando se comparan con los efectos promocionales propios. Debe considerarse también que los efectos de canibalización son asimétricos. Por lo general, el reducir el precio de una marca privada tiene un mayor efecto en las ventas de la marca de la tienda que al revés.
Efectos en compras anticipadas: Leone (1987) y Doyle y Saunders (1985) detectaron algunos efectos temporales generados por las promociones en precio. Por ejemplo, Leone (1991) encontró que más de la mitad del incremento en ventas durante la semana en la que hubo promoción en precio fue “prestada” de las ventas de la semana siguiente. Gagné et. al. (1997) reporta un efecto temporal muy pequeño, el cual puede ser fácilmente explicado por el hecho de que el producto bajo estudio (yogurt) es perecedero.
Efectos en la categoría complementaria: Mulherm y Leone (1991) y Walters (1991) muestran que las promociones en precio en un género pueden incrementar las ventas de una categoría complementaria. Es muy interesante que los efectos sean asimétricos. De
hecho, Mulherm y Leone observaron que cuando el precio de una harina preparada de pastel disminuye, las ventas de los betunes aumentan. No sucede lo mismo al revés. Este resultado es explicado por el hecho de que la harina preparada es el producto principal y el betún es el complementario.
Efectos de cambio de tienda: Kumar y Leone (1988) hallaron un importante efecto de cambio de tienda por precios, especialmente en pares de tiendas localizadas dentro de la misma área geográfica.
Efectos de la publicidad y los exhibidores: prácticamente todos los estudios que han considerado dichas variables han encontrado que tienen un efecto significativo en ventas.
Sin embargo, debido a problemas de multicolinealidad (alta relación existente entre dichas variables), no es posible separar sus efectos del ocasionado por la rebaja en precio.
Para concluir, es aparentemente claro que las promociones en precio afectan enormemente al nivel de ventas. Los detallistas necesitan adoptar Sistemas de Soporte para la Toma de Decisiones que les permitan monitorear continuamente y evaluar dichos
efectos no únicamente en las ventas sino también en la rentabilidad de los cientos (o miles) de productos que manejan.
Referencias
Allenby, G.M. (1989), "A Unified Approach to Identifying, Estimating, and Testing Demand Structure with Aggregate Scanner Data", Marketing Science, 8, 265-280.
Blattberg, R.C., and S.A. Neslin (1989), "Sales Promotions: The Long and the Short of it", Marketing Letters, 1, 81-100.
Blattberg, R.C. and K. Wisniewski (1989), "Price Induced Pattern of Competition", Marketing Science, 8, 291-309.
Bemmaor, A.C. and D. Mouchoux (1991), "Measuring the Short Term Effects of in Store Promotion and Retail Advertising on Brand Sales: A factorial Experiment", Journal of Marketing Research, 28, 202-214.
Doyle, P. and J. Saunders (1985), "The lead effect of Marketing Decisions", Journal of Marketing Research, 22, 54-65.
Gagné, R., N. Kooli and G. Zaccour (1997), "Price Promotion Effects on Intra- and Inter-Brand Sales”, GERAD, G-97-43.
Kumar, V. and R.P. Leone (1988), "Measuring the Effect of Retail Store Promotions on Brand and Store Substitution", Journal of Marketing Research, 25, 178-185.
Leone, R.P. (1987), "Forecasting the Effect of an Environmental Change on Market Performance: An Intervention Time-Series Approach", International Journal of Forecasting, 3, 463-478.
Mulhern, F.J. and R.P. Leone (1991), "Implicit Price Bundling of Retail Products: A Multiproduct Approach to Maximizing Store Profitability", Journal of Marketing, 55, 63- 76.
Walters, R.G. (1991), "Assessing the Impact of Retail Price Promotions on Product Substitution, Complementary, and Interstore Sales Displacement", Journal of Marketing, 55, 17-28.